Y sí,
no comprendo al mundo.
Lo intenté…
pero es cansado…
y profundamente angustiante.
Sin embargo,
en el fondo de esa angustia
—de forma casi irónica—
aparece la plenitud.
No sé cómo.
Pero es así.
Tal vez sea al reconocer
ese amor que se esconde en el vacío.
Y que, aun así, nos sostiene.
Un amor sin forma,
sin dueño,
sin razones.
Un amor que no exige,
que solo observa.
Que simplemente existe.
Un amor que te mira
como si te conociera de antes.
Y desde ahí,
desde esa plenitud,
solo puede surgir un alma buscando expresarse
y un auténtico anhelo de compartir.
Y sí… nuevamente:
no comprendo al mundo.
Pero estamos aquí.
Un poco engañados…
Engañados por la farsa de nuestros sentidos,
mirando una realidad que nos deslumbra con su certeza.
Sin reconocer que solo vemos la interpretación que nuestra biología permite:
un mapa incompleto de un territorio infinito.
Vivimos dentro de un teatro.
Nuestras mentes confunden el escenario con la obra,
mientras la materia se disfraza
para que el espíritu juegue.
¿Qué significa ser humano?
Tal vez…
una paradoja con piernas.
—Luz y sombra en un cuerpo.
—Pasos efímeros, pero huellas imborrables.
—Corazones acelerados, pero pulsos detenidos.
—Mapas divididos, pero comunidades inefables.
Es una locura.
Una bella locura.
Muy bella.
Vivimos atrapados
en la paradoja de nuestra propia existencia.
En un espacio donde el tiempo se detiene para recordarnos que existe lo eterno.
¿A dónde quieres avanzar
si no hay ningún lugar al cual llegar?
Nuestros pasos se desvanecen en el tiempo,
tan simples como susurros.
Dejando cada huella grabada en la memoria del universo.
Testimonios imborrables de que estuvimos aquí,
de que sentimos,
de que existimos.
Esta contradicción nos define:
somos fugaces y eternos a la vez.
Es nuestra condición:
habitar la contradicción.
Vivir en el umbral donde todas las posibilidades convergen
y también se separan.
Es ahí donde habita nuestra más profunda —y real— belleza.
Porque no estamos aquí para resolver el enigma,
sino para vivirlo
con toda su intensidad desgarradora.
Es doloroso.
Tú lo sabes.
Pero también sabes
que ese dolor desemboca en amor.
Cada pregunta, un portal,
cada duda, un camino.
Latimos rápido cuando una puerta se abre,
nos congelamos cuando el abismo nos mira.
Es que no es necesario comprender el mundo para amarlo,
ni entendernos para ser auténticos.
La plenitud y la angustia
son las dos caras de la moneda,
los dos bordes de un mismo latido,
recordándonos que estamos vivos.
Profundamente,
dolorosamente,
bellamente vivos.
Así que seguimos caminando,
dejando huellas en el polvo del tiempo.
…Caminar es suficiente…
—
Esta es mi carta de entrada ;)
Me interesa ir más allá porque lo superficial nunca ha sido suficiente
para comprender e integrar lo que realmente importa.
Sí, ya sé que es obvio.
Aun así…
vivimos ahí.
En la superficie.
Nos aterra salir de ella.
Evadimos lo profundo.
La vida no es plana,
la naturaleza es expansiva.
Y cuando uno siente de verdad el impulso de compartir…
no puede ignorarlo.
Por eso existe esto.
(Porque si no me muero)

Un espacio para cuestionar y ver distinto.
Ideas, preguntas, contradicciones, a veces, poesía.
No tengo respuestas, únicamente intenciones.
Si resuena contigo, eres bienvenido.
Pero no es para todos.
No es para quien busca certezas,
ni para quien evita mirarse.
Es para quien está dispuesto a pensar…
y también a sentir.
Escribo cuando nace, sin prisa ni fórmulas.
A veces pronto… a veces tarde.
Con la calma de quien ofrece una idea.
Como quien deja una flor sobre una mesa vacía.
Si decides quedarte,
presta especial atención al correo de bienvenida.
Ahí empieza todo.
Bonita vida <3